Mexican Border Patrol


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Gilberto Mensajero Armenta

Mexican Border Patrol

 

No estoy emocionado, pero me están diciendo que después de las elecciones conseguiremos nuestro muro tal como lo queremos, así que vamos a ver qué sucede. Miremos qué ocurre. Miremos si lo producen.

Donald Trump

 

El término Tercer País Seguro se conoce poco, y se analiza menos. ¿Qué representa para México aceptar ese papel? Convertirse en el patio trasero de Estados Unidos, donde todo aquel inmigrante, en espera de recibir asilo político en ese país, deberá ser acogido con todos los beneficios que los Derechos Humanos Internacionales le amparen.

 

Es decir, cualquier país centro americano es el primero (país expulsor), Estados Unidos es el segundo (país receptor) y México es el tercero (país hospedador).

 

Este término, el del tercer país, no es para nada nuevo, tiene más de 70 años de vigencia, y hasta hace unos dias, todos los gobiernos pasados, del PRI y del PAN, habían evitado ser endilgados con esa “distinción diplomática”.

 

Mire usted, entienda algo importante, todo centroamericano que huye de su país de origen, argumentando temer por su vida y por la de su familia (sobre todo si el país que abandona se caracteriza por no respetar los derechos humanos), está protegido por tratados internacionales para ser recibidos por el país que ese inmigrante escoja para vivir como un refugiado. Es decir, Estados Unidos debe considerar otorgar esa visa humanitaria o asilo político. Lo único que evitaría es que otro país sea catalogado como tercer país seguro. El gobierno federal actual no encontró como evitar eso, y eso no se puede catalogar de otra forma, sino como una fallida politica internacional.

 

Estados Unidos puede retrasar una solicitud de visa humanitaria o asilo político hasta dos años, pero si ya México está convertido en ese multi mentado tercer país seguro, los norteamericanos pueden retrasar esa aprobación indefinidamente, o incluso, no aprobarla nunca.

 

Todos hablan ahora de lo que costara a México sostener esa situación. Los derechos humanos internacionales de los que se habla arriba lo obligan a otorgar todas las garantías de seguridad, salud, educacion, vivienda, alimentación y empleo que estos inmigrantes demanden.

 

Se deberán invertir miles de millones de pesos en esa arista, y México no los tiene. Deberá recortar el gasto en otras áreas, para que sea el mexicano el que pague esos trastes rotos.

 

Pero hay un truco en todo esto.

 

México tiene la obligación de otorgar ese asilo momentáneo, solo si ese inmigrante toca la puerta de los Estados Unidos en la frontera norte. Si no lo hace, el concepto de tercer país seguro no aplica para sus garantías migratorias. Por eso la urgencia de la Guardia Nacional por evitar que esas caravanas monumentales crucen como Pedro por su casa por el sur, viajen como turistas de primera clase por todo el centro del país, y lleguen entonando himnos de victoria a cualquier municipio fronterizo con Estados Unidos.

Y es aquí donde debe entenderse el error garrafal de politica internacional que la Cuarta Transformación cometió, suponiéndose facultada para eso, pero que terminó siendo una reverenda provocación a Donald Trump y su conocida xenofobia inmigrante.

 

Y es que México abrió sus fronteras a esos grupos, les dio todas las garantías para que llegaran hasta los linderos de Estados Unidos, los protegió, los alimentó, les ofreció empleo, en algunos municipios los recibieron como si fueran héroes, y en otros la sociedad civil los atendió como a príncipes y princesas. Estados Unidos veía a la distancia, y la provocación la consideraron una amenaza a su soberanía.

 

Y reaccionaron de forma dura, sin cortapisas, sin consideraciones.

 

Pero nadie en el gobierno federal entendió el tema, hasta que los aranceles se estacionaron en la frontera, hasta que Marcelo Ebrard encabezó una comitiva fallida, y hasta que el muro que Donald Trump tanto presumió se fue del norte al sur.

 

Le toca ahora a México sufrir las consecuencias de un vació en la politica migratoria, de otro mas grave en el manejo de la politica internacional, y de uno catatónico en el tema de la Guardia Nacional, creada para combatir a la delincuencia organizada, para proteger al mexicano, y que ahora está convertida en el “mexican border patrol”.

 

Dijo el presidente mexicano que donde come uno, comen un millón, si, pero comen más poquito. Él entretanto, seguirá comiendo en Palacio Nacional.

 

Gracias por la lectura. Puede seguirme en @mensajero34 y en facebook.com/gilberto.armenta.16

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