Las poderosas minorías superan a Morena


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Gilberto Armenta

Las poderosas minorías superan a Morena

 

La minoría selecta es la única que hace progresar a la masa. Alexis Carrel

 

Del primero de julio, día de la elección, al 16 de septiembre, día de la toma de protesta de los diputados locales en el Congreso del Estado de Sonora, propios y extraños se mofaron del PRI, el PAN y el Panal. Las apenas 10 curules que ellos representaban eran, decían los críticos, una vergüenza comparadas con las bancadas de casi treinta que llegaban a sumar entre los tres partidos. Al Verde Ecologista y al MC lo llamaban “ternurita” con su pareja de diputados.

 

En cambio, se referían a Morena, PT y PES como la súper poderosa bancada. La “aplanadora” de izquierda le llamaban. El tsunami que en el legislativo sonorense, arrasaría con todos, que impondría leyes, que abriría el camino a la cuarta transformación.

 

Muchos hablaron incluso, de una inminente revocación de mandato contra la gobernadora, antecedido de un juicio político contra funcionarios del gobierno estatal.

 

Veinte días después, ¡solo veinte días después! La triada Juntos Haremos Historia luce desolada. ¿Qué fue lo que realmente pasó? La respuesta es básica: las minorías de oposición se impusieron, y cerraron filas entre ellas.

 

Pero, si la coalición Morena-PT-PES sumaba 21 diputaciones, y  el resto de los partidos solo 12, ¿Cómo fue que pierden tan anticipadamente su envidiable posición? Otra respuesta básica: descuidaron a sus propias minorías, y estas, sintiéndose relegadas, barbecharon su propio terreno.

 

Además, no hay un solo poder político en el mundo que se entregue al de otro, sin presentar batalla. Morena quiso tiránicamente imponerse sobre el PT y el PES, sin estar preparado para la contraofensiva que estos le lanzaron. ¿Imponerse sobre el PRI, el PAN y el Panal? Ilusamente también lo pensaron.

 

Consideró Morena que conducirse en el Legislativo era tarea fácil. Presentarse ahí y votar para cambiar una ley fue su plan. Votar para cesar y enjuiciar a políticos contrarios fue su idea. La austeridad republicana era la bandera. La cuarta transformación era el fin. Proponer, votar, enjuiciar, eliminar, castigar, exhibir y sentenciar era la tarea, la obligación, pensaron ellos, la exigencia del pueblo que los votó, creyeron también. ¡Es un honor, estar con Obrador! Vaya desperdicio de discurso.

 

Debieron prepararse bien en las lides legislativas, con cursos verdaderos, con asesorías impartidas por expertos en el tema, pero a los que asignaron para esa tarea, dedicaron el tiempo en adoctrinarlos en el odio hacia el PRI y el PAN, en la descalificación hacia el gobierno del estado, en el menosprecio a las instituciones públicas, y en la implantación de un gen revolucionario que les sigue dictando que están para morir por la república, y no para legislar en co gobernanza para los sonorenses.

 

¡No mentir! ¡No robar! ¡No traicionar! Confunden esos principios con la intransigencia, la arrogancia, la ilegalidad justificada en la victoria del 01 de julio. La cerrazón de ideas, la negación al dialogo y la negociación. La oposición a los acuerdos. No entender que el marco jurídico es indispensable para legislar. Todo, en suma, los llevó a ser una mayoría minoriteada, como ahora lo son.

 

¡Ah, las minorías! Mientras Morena se pierde día a día en el cumulo de errores arriba expuestos, el PRI, el PAN y el Panal, también el Verde Ecologista, van imponiendo su marca paso a paso. Ellos si acordaron entre ellos y, aun con diferencias políticas ancestrales, conciliaron en beneficio de quienes votaron por ellos, y perdieron la elección junto a ellos.

 

El PT y el PES coincidieron en tiempo y en forma con los de oposición, y el desmarque hacia Morena es ya un hecho. No porque hayan acordado con el PRI ni con el PAN, sino porque entendieron que la política de Morena no era correcta, ni justa ni legal. El PT de Rodolfo Lizárraga coincide infinitamente más con la política de Andrés Manuel López Obrador, que toda la bancada de Morena junta, y es a él a quien llaman traidor. 
Héctor Castelo, diputado de Morena, es de ascendencia panista, vinculado a la famosa silla de montar millonaria que Guillermo Padrés presumió en su tiempo, y reclama honorabilidad y lealtad a quienes nunca formaron parte de la corrupción padrecista.

 

Por eso, las minorías en el Congreso del estado de Sonora son ahora poderosas minorías. Los errores de la bancada de Morena las convirtieron así. Nada más.

 

¿Qué sigue en adelante? La ultima respuesta básica: Morena podría perder hasta tres de sus diputados que, a vista simple, ya no coinciden del todo con las formas de la coordinación de su bancada. ¡Cuidado maestra Mancha, cuidado Ernestina y cuidado Martin! Olvídense del PT y sus cinco diputados, y del PES con cuatro de sus miembros. Atiendan a los suyos, que ya empiezan a dudar.

 

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