Las ciudades bunker


 

Las ciudades bunker

 

El miedo al asalto, al secuestro, a la muerte, en las principales ciudades de nuestro Estado, ha propiciado el crecimiento y expansión de las empresas dedicadas a la seguridad privada, mismas que ofrecen una variedad cada vez más sofisticada de artículos para la defensa: desde aparatos que descargan “ondas T” para inmovilizar al asaltante, hasta los circuitos electrónicos de protección a residencias más modernos. Este es un recorrido por la creciente industria del miedo.

Aunque lo garantice la Constitución, o se lean “resultados” estadísticos, la seguridad pública no acaba por ganarle terreno a la criminalidad. Por el contrario, la delincuencia, tal y como la concebimos y los altos índices de corrupción, impunidad están fomentando una nueva escenografía social.

La innovación tecnológica, la proliferación de empresas de seguridad privada y la poca claridad en su reglamentación han dado paso a la era del resguardo blindado: a las ciudades bunker. Se acabaron los paseos nocturnos, adiós a la confianza hacia el vecino, a los vendedores a domicilio, a las visitas improvisadas, a los vehículos descapotados, a las ventanillas abiertas de los automóviles.

En la naciente era de las ciudades bunker, todo va hacer diferente. Verdaderas fortalezas residenciales, conjuntos habitacionales amurallados e impenetrables, avenidas clausuradas y enrejadas, personajes fuertemente escoltados.

La necesidad de protegerse ha llegado a niveles paranoicos. La oferta es tan amplia como la neurosis para resguardarse. Automóviles blindados cuyo peso rebasa las dos toneladas, unidades habitacionales sobre protegidas por vallas y enrejados eléctricos, industrias con circuitos cerrados de televisión y rayos infrarrojos, oficinas con puertas magnéticas e imanes electrónicos, establecimientos comerciales con policías especializados y perros entrenados. E incluso, cientos de accesorios personales que van desde chamarras antibalas, hasta aparatos que descargan “ondas T”, que paralizan el sistema nervioso capaz de “inmovilizar al asaltante”, son los servicios y ofertas que las empresas publican cotidianamente en busca de clientes cautivos.

Pero, la imaginación de las empresas para proteger a los ciudadanos de la calle tiene sus límites: hasta ahora, no hay ningún producto que garantice al cien % la seguridad de librarse de un asalto, con o sin violencia.

Ni los aerosoles de uso exclusivo militar, ni los gases naturales hechos de chile y hierbas irritables, ni los botones de pánico, ni los aparatos manuales que descargan ondas T para inmovilizar al agresor, ayudan en su totalidad. Incluso, ni las prendas de vestir como las chamarras o chalecos antibalas, pueden garantizar una seguridad total. No falta el asaltante que desee precisamente… ¡robarse la prensa!

El mercado de tales accesorios, sin embargo, crece, como son las alarmas para vehículos de activación de pánico o las de rastreo por satélite. Pero también existen alarmas de corte de encendido, bloqueo de gasolina, activación de pánico por segundos programados, armado y desarmado silencioso, sistema de valet desactivador.

Los clientes de mayores recursos que pueden pagar una protección de automóviles blindados son, industriales, empresarios nacionales, ejecutivos extranjeros que laboran en el país, artistas, militares y por supuesto,  los políticos.

Las empresas privadas de seguridad ofrecen desde escoltas especializadas en artes marciales hasta guardaespaldas bilingües y especializados también en ataques terroristas.

Hoy más que nunca he sentido de cerca la violencia que se vive en México, en esta semana en Guaymas Sonora, balacearon a la comandante de la policía, una mujer de unos 50 años, justo cuando llegaba al gimnasio como todos los días, a plena luz del día, en Ciudad Obregón aparecieron dos descuartizados y un hombre calcinado dentro de su vehículo, en Hermosillo, la capital del Estado de Sonora hubo varios balaceados y todo esto producto de una sociedad que cada día va perdiéndose en el mundo donde la vida queda con un valor igual a cero, fomentada por supuesto esta violencia por grupos de poder que se inmiscuyen en la vida diaria del mexicano común que se encuentra sin una fuente de sustento estable, digna o de calidad

Roberto Fleischer Haro. 

Miembro de la IV generación de egresados de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

Registro Nacional de Seguridad Pública FEHR440205H26223583

E mail robertf.haro@hotmail.com

 

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