Primer mensaje a la nación


Primer mensaje a la nación

Por David Parra

Una sensación de agónica y densa incertidumbre se podía sentir en el ambiente electoral entre la hora del sufragio y los inusualmente lentos minutos que nos separaban a los mexicanos de la noticia más improbablemente esperada de los últimos 14 años, desde aquel 2004 en que Andrés Manuel López Obrador convocara a la nación para conformar una red ciudadana capaz de rodear a los partidos y cobijarle como legítimo candidato del pueblo.

Este primero de julio de 2018 se cumplió su proyecto, que apenas empieza y empieza así.

La primera estación para Andrés Manuel luego de arrollar a “la mafia del poder” en las casillas el primer día de este mes, fue atemperar los ánimos de propios y extraños, por lo que antes que nada llamó en cadena nacional a la reconciliación, sin citar más a los innombrables, ante una necesidad inminente de mandar señales de estabilidad al mundo luego de un proceso electoral intenso y aunque esperado, sorpresivo, en el que antes de contar los votos se le diera por ganador por parte de sus acérrimos adversarios de la ocasión 2018.

De su mano, los candidatos del PRI Y PAN contribuyeron con nobleza a la serenidad republicana que de manera intempestiva atropellara casi al unísono al perplejo pueblo mexicano reconociendo el triunfo del de Tepetitán, mandando así la misma señal que horas más tarde tanto el INE como el propio Presidente Peña Nieto reafirmaban de manera pulcra y ecuánime para bien del país. Todo perfecto, cual guion de house of cards.

En su primer turno al bat, para tranquilidad de los mercados y las instituciones crediticias, en su primer mensaje a la nación AMLO reafirmaba el modelo económico ante la comunidad internacional para brindar seguridad a quienes tienen inversiones e intereses en el país, reconociendo los compromisos existentes con la aldea global y la reacción es inmediatamente positiva, recibiendo sobre la marcha la felicitación de las democracias mundiales, incluyendo la de Donald Trump, advirtiendo que no otorgará en esto cheque en blanco y que se revisarán acuerdos y contratos para corregir distorsiones y desvíos que comprometan indebidamente el patrimonio nacional.

Ofreció en su discurso mantener y fortalecer las instituciones del estado, esas que se dijo reiterada y distorsionadamente que había mandado al diablo, refirmando el respeto a la propiedad privada bien habida y el patrimonio, rompiendo así con los estigmas de campaña que pretendían dibujarle como un dictador que buscaría imponer su voluntad sobre las figuras de la sociedad, con lo que dejaba patente de su vocación democrática e institucional social demócrata.

Reiteró su vocación por desterrar la corrupción, entendiéndola como un problema radical que representa la diferencia entre un mayor bienestar general, la construcción de una sociedad más justa y equitativa que no se concreta para los que menos tienen por el mal destino de los recursos públicos, rematando con su frase histórica “Por el bien de todos, primero los pobres”.

Para brindarle fortaleza a su decir, ofrece que no habrá privilegios ni excepciones para aplicar la ley, incluso tratándose de amigos y familiares, de aliados y colaboradores; una tolerancia cero que se antoja complicado ejercer, pero que resulta coherente para su discurso y su historia personal.

Como parte del ideal democrático, ofreció representar por igual a todos los ciudadanos, lanzando un mensaje de procuración de equidad, donde el gobierno no haga distingos ni excepciones, aunque se permite precisar que esto pasa por brindar prioridad a los más humildes y olvidados, como es el caso de las comunidades indígenas, a las cuales conoce muy bien y a las que les ha mostrado un profundo respeto en su andar.

Rompiendo con la estrategia de seguridad pública de los recientes dos sexenios previos, reafirma que lejos de privilegiar el uso de la fuerza, atenderá las causas de la inseguridad y la violencia, lo cual significa que los malosos tienen la oportunidad de reorganizarse y desarrollar sus actividades de manera diferente, para lo que se requiere de una complicada operación para reducir el uso de la violencia en los negocios sucios, que ningún gobierno, democracia o autocracia tienen la capacidad de erradicar al constituir en un país como el nuestro, un sexto poder constante y sonante ligado a los consorcios de negocios mundiales más rentables y respetables desde la cuna de las democracias, al cual en realidad nadie le ha hecho frente para ello, sino para regularlo con un escaso grado de éxito por diversas causas inconfesables en los que el juez invariablemente se ha venido convirtiendo en parte. El reto es mayúsculo, con todo y que ofrece realizar reuniones diarias con el gabinete de seguridad pública para conocer de primera mano las acciones para pacificar al país y reducir las bajas.

Con guante blanco refiere la fallida política exterior de los últimos tres sexenios, reivindicando la doctrina estrada que postula la libre autodeterminación de los pueblos, que hasta el sexenio de Ernesto Zedillo había tenido alguna vigencia y que su inobservancia ha impedido a los gobiernos subsecuentes asumir las posturas correctas en la relación internacional, sobre todo en el saliente, por lo que nuestro país en el contexto mundial ha dado traspiés que le han llevado a perder influencia y respetabilidad.

Le toma la palabra a Donald Trump y plantea una relación de respeto mutuo con EU y una efectiva defensa consular de los migrantes, a los cuales ofrece como primeras acciones de gobierno que la decisión de emigrar ya no sea por falta de oportunidades, sino por circunstancias diferentes, guiñándole el ojo así al vecino del norte para ser parte de una estrategia de arraigo nacional mediante el estímulo a la actividad económica y su consecuente reactivación productiva y económica regional general que contenga este fenómeno que durante los recientes años ha marcado una relación bilateral complicada, en buena medida relacionada con la distribución inequitativa de la riqueza que el actual modelo económico ha desencadenado por la inconciencia y codicia de quienes dieron la espalda a los débiles y consintieron a los fuertes.

Habrá quienes vean mal el reconocimiento a EPN por el trato sobrio recibido en los últimos meses de la campaña, en los que más que un simple pacto, se construyó una salida a una creciente presión social mediante un cabildeo más allá de nuestras fronteras y nuestra mezquina pequeñez que no podía permitir que México llegara al grado de una crisis interna que geopolítica y económicamente resultarían extremadamente inconvenientes a la economía global. Los cabilderos que intervinieron en esta construcción deberían tener nombre público por una acción tan crítica para el bien de todos; eso nunca lo sabremos supongo, como suele ocurrir.

Luego de años de bloqueo informativo, distorsiones e infamias calumniosas contra su persona, más no pocos dislates y resbalones que le cobraron caro sus detractores, reconoció a los medios nacionales por su pluralidad y a las “benditas” redes sociales por su cobertura, refiriéndose a los acontecimientos recientes en los que una vez alineados los astros, era cuestión de tiempo para dejar atrás los agravios y asumir la actitud de estadista que le hemos visto en el vertiginoso tránsito de candidato a inminente Presidente electo. Dicho sea de paso, esos mismos medios que le vapulearon, le abrieron y le cerraron la cobertura, son los que lo hicieron figura nacional e internacional en su primer intento por la grande, por lo que el contradictorio agradecimiento ha lugar.

Hay razones para creerle cuando dice que gobernará con rectitud y justicia, que no fallará, aunque también las hay para anticipar que no serán pocos los decepcionados, a los que les dice que no va a decepcionarles cuando lo más lógico, probable e inevitable sea así. Gobernar dista años luz de conquistar el voto y hay muchos que aún no se enteran. No tardaran mucho en ello.

Difícilmente AMLO habrá de poder satisfacer las expectativas de muchos mexicanos que votaron con la convicción que este hombre podrá llevarnos a una realidad que no se puede construir en un mediano plazo. El voto sin sentido así lo consigna. La gran parte del electorado votó irreflexivamente dándole un poder tan grande como riesgoso, al quedar prácticamente sin contrapesos en una democracia que por esa misma razón puede traducirse en una autocracia republicana que ni a Andrés conviene.

No quiero pasar por insidioso con lo que afirmo, finalmente este proyecto fue en algún momento de su historia mi compromiso por el que luché hasta que entendí que no era el momento para estar ahí ni el modelo que se nos había ofrecido como ciudadanos independientes. Quienes me conocen saben a qué me refiero y no por eso reniego de mis convicciones que ahora cristalizan en una etapa diferente de mi acción y participación política. Siempre he pensado que el poder debe moderarse para evitar que luego deba autorregularse o erradicarse con el costo que supone el error de la ceguera o de la desmesura.

Creo que Andrés Manuel es sincero cuando dice que quiere pasar a la historia como un buen Presidente de México y espero que así se le conceda. Los retos son enormes y este país aún está inmaduro para pretender que sabe a ciencia cierta lo que ha decidido el primer día de esta nueva era política y los verdaderos alcances de un viraje que no será de 180 grados; me conformo con un treinta, que nos quite del rumbo al despeñadero en que nos han enrumbado los malos gobiernos que no han sabido gobernar con compromiso social y honestidad.

Hay que colaborar para ello de manera consiente, cada quien, desde su trinchera, incluso desde los partidos que ahora deberán repensar sus procedimientos, que tendrán mayor libertad para reconstituirse, para reinventarse porque ya elegimos y creo que elegimos por el bien de México y sorprendentemente, México y sus instituciones así lo entendieron y así nos lo concedieron, “por es lo correcto” y porque no había de otra.

Agradezco sus republicanos comentarios en twitter @dparra001

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