Psicosis del peligro e inseguridad


Psicosis del peligro e inseguridad

 

La inflación de asesinatos a lo largo del territorio nacional ya no solamente es alarmante, sino también desmoralizadora. Las muertes brutales son noticias todos los días, las ejecuciones son una verdadera tragedia.

 

Nadie estamos seguros, todos estamos en riesgo de perder la vida por una bala perdida cualquier momento y hora. Nos pueden matar por extorsiones, robos, asaltos, levantones, violaciones, secuestros, venganzas etc.

 

De cualquiera se teme y mientras tanto la psicosis y la paranoia se apoderan de los ciudadanos, ¿Quién puede dormir tranquilo así? ¿Quién puede trabajar o estudiar así? ¿Quién puede transitar por las calles sin temor de ser asesinado o gravemente lesionado por una bala perdida en el mejor de los casos?

 

En nuestros tiempos tenemos una percepción en la cual parece afirmarse la psicosis del peligro y la inseguridad.

 

Consideramos que nadie puede fiarse del otro, y las relaciones interpersonales parecen marcadas por la sospecha y la desconfianza. Antes bastaba la policía; hoy debe intervenir el ejército.

México cuenta con miles de cuerpos policiales, sin una legislación que uniforme, ni siquiera en sus líneas básicas, su organización, actuación, carrera, armamento y equipo, entre otros.

 

Antes nuestras casas eran defendidas por una simple puerta, ahora son puertas blindadas y enrejados, los cacos andan libres y los ciudadanos permanecemos arraigados.

 

No son acciones extraordinarias, como guerras o cataclismos, sino actitudes que entran de manera destructiva en la vida diaria, y que tienen el poder de hacer la vida insegura y de transformar las relaciones humanas en afinidad dominadas por la desconfianza.

 

No se trata de hacer revivir “aquellos tiempos antiguos” sino sencillamente salir de la jungla, congestionamiento vial, smog, bullicio etc., etc. y tratar de recuperar el hombre bueno que llevamos dentro, todos los humanos deseamos amor, ternura, gentileza, dulzura y observamos por todos lados agresividad, violencia, somos un Caín y Abel, el homicida, comparados con Judas el traidor, los padres de familia no entendemos nada; los hijos una desilusión, la lista podría ser incalculable.

 

Tenemos un léxico rico para expresarnos de las demás personas, pero parece que cada uno de nosotros miramos desde nuestro interior y pensamos en un mundo poblado de enemigos, de los cuales tenemos que defendernos.

 

Nos sentimos desilusionados porque cada uno de nosotros soñamos con descubrir algo más positivo y bueno en el encuentro con los otros seres humanos, si no con todos, al menos con los que pensábamos en una esperanza de vida. Y muchas veces son precisamente éstos quienes nos provocan los sufrimientos y desilusiones mayores.

 

Existen momentos de verdadera reflexión en los que nos damos cuenta de que el mundo es como nosotros lo construimos.

 

Si hacemos un balance de nuestra vida, nos percatamos de que hemos hecho muy poco por hacerlo distinto de como lo hemos encontrado.

 

Bastaría poco para cambiar muchas cosas. De hecho, cada persona que se esfuerza por amar, abre un espiral de luz y esperanza en un mundo que se ha vuelto oscuro por las nubes del dio, de la violencia y la indiferencia.

Tenemos la oportunidad para sacar ese hombre bueno que todos somos en nuestro interior.

 

Roberto Fleischer Haro 

Miembro de la IV generación de egresados de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

Registro Nacional de Seguridad Pública. FEHR440205H26223583 

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