La Ilegalidad de las Armas.


 La Ilegalidad de las Armas.

 

Las armas han fascinado desde los tiempos más remotos al ser humano, pero éste no solo las ha empleado para guerrear o dirimir ferozmente sus diferencias, sino que las armas de fuego le han servido, y le siguen sirviendo, para finalidades tan sencillas y relajantes, como puede ser la caza, el tiro al plato, el tiro de pichón... y para competiciones y concursos en los que se premia la certera puntería, los reflejos adecuados, la vista del tirador, así como la seguridad de su brazo, y otras cualidades que, como en muchos otros deportes, no sólo ponen de relieve, sino que ayudan a mejorar estas facultades físicas.

 

Hemos visto y de alguna forma siendo testigos, como han proliferado sin control alguno, las armas de fuego, de todos tipos y calibres.

 

Definitivamente, a raíz de la creación de la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, ello ha repercutido en los llamados delitos comunes, sean o no del orden federal.

 

Debido a lo productivo que es esta actividad se desprenden una serie de delitos de los cuales únicamente mencionaremos los más relevantes, que no es la intención de explicarlos o describirlos, como son los delitos contra la salud en todas sus modalidades, secuestro con recompensa económica de por medio, cohecho, lavado de dinero y específicamente el tráfico de armas, entre otros.

 

El contrabando de armas se ha ido incrementando considerablemente y observamos lamentablemente con alarma y pánico, que conductas delictivas como los homicidios dolosos, robos y asaltos, predominan en los diferentes municipios del estado.

 

Estos delincuentes han recurrido a  la agresión como medio indispensable para sus actividades, utilizando armas de fuego, pero esto no para ahí, la agresión ha pasado de la violencia física o moral a la crueldad,  hasta llegar al salvajismo.

 

Para lo cual  no existe autoridad alguna que ponga freno a este contrabando indiscriminado de objetos de la muerte, ya que las armas no sirven ni son utilizadas para otra cosa más que para provocar la muerte, independientemente de la forma en que se mire.

 

Podemos apreciar que el problema es de origen confuso,  constitucionalmente se nos dice “los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima defensa, con excepción de las prohibidas...”.

 

Porque por un lado se nos otorga un derecho, pero no se brindan facilidades legales para ejercerlo, ocasionando con esto una serie de conductas que no deberían de existir. Ya que en el marco de la ilegalidad se propicia al tráfico de armas.

 

Si bien es cierto tenemos autoridades encargadas de resguardar nuestras fronteras y pasos aduanales como: la Secretaría de la Defensa Nacional por medio del Ejército, la de Marina por medio de la Armada, Gobernación por medio del Instituto Nacional de Migración, Hacienda y Crédito Público por medio de sus Agentes Aduanales y/o Policía Fiscal, Procuraduría General de la República a través de sus Agentes, entre otros.

 

También es cierto que el contrabando hormiga que se suele dar en toda clase de productos o mercancías ilícitas que son de difícil detección, también es verdad que se han detectado contrabandos a discreción de armas de fuego en los cuales pudiera haber complicidad de las autoridades.

 

Por lo consiguiente les resulta difícil detener, perseguir o investigar lo que ellas mismas propician, máxime si tomamos en consideración que en Estados Unidos, cualquier persona puede adquirir un arma sin muchos requisitos.

 

Grave está la situación,  porque cómo explicar que un fabricante o vendedor por lo general extranjero, el cual no comercia sus productos más que con los gobiernos de los países, encontramos aquellas mercancías en lugares y con personas no idóneas.

 

No existe otra respuesta de que pudiera estar de por medio el soborno, el cohecho, el contubernio, el encubrimiento y la complicidad de autoridades.

 

Cuando hablamos de delincuencia organizada, por lo general desviamos la mirada a actividades ilícitas, como tráfico de estupefacientes, y por lo que se refiere a armas, secuestros, etc., de  las cuales de alguna forma vemos con cierta “naturalidad” la frecuencia con que se cometen, con que se investigan o por la información que nos proporcionan los medios de comunicación.

 

Sin embargo, no podemos negar que existe una serie de conductas delictivas también las cuales implican una organización, una jerarquía, y por qué no decirlo una relación laboral dentro de la actividad lícita, a lo mejor no cuenta con un código de ética o de honor, pero si hay un fin ilícito como lo es el contrabando de armas.

 

Es difícil precisar con claridad los distintos efectos que acarrea este tipo de delincuencia, pero lo que si aclaramos es que existen muchas acciones realizadas por el gobierno mexicano a fin de contrarrestar este fenómeno delictivo.

 

Roberto Fleischer Haro

Miembro de la IV generación de egresados de la Escuela de Policía del Estado de Sonora.

Registro Nacional de Seguridad Pública FEHR440205H26223583

 

 

 

 

 

 

 

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